Marzo 11, 2007

Por STEVEN GREENHOUSE

El Universo/The New York Times

Trabajadores de todo el mundo van a EE.UU. engañados

Para un campesino tailandés que, dedicado al cultivo de arroz, ganaba 500 dólares al año, la oferta del reclutador resultaba difícil de resistir: tres años de trabajo en granjas de Carolina del Norte que le redituarían más de 30 veces lo que ganaba en casa.

Los argumentos fueron tan convincentes que el granjero, Worawut Khansamrit, puso su granja como garantía para poder pagarle al reclutador once mil dólares para convertirse en un trabajador invitado. "La cantidad de dinero que prometieron era muy atractiva", dijo Khansamrit, de 40 años, con una hija de quince años a la que quiere enviar a la universidad.

Pero una vez que llegó a Carolina del Norte, con otros 30 trabajadores tailandeses, descubrió que sólo había trabajo para más o menos un mes. Más tarde fue llevado a Nueva Orleans para sacar escombros de un hotel dañado por el Huracán Katrina, trabajo que, dice, nunca le fue pagado.

En febrero, él y otros trabajadores tailandeses entablaron una demanda federal donde aseguran haber sido víctimas de tráfico ilegal.

El caso de Khansamrit ilustra los abusos que enfrentan muchos trabajadores invitados en una época en que el Presidente Bush, y muchos miembros del Congreso de Estados Unidos, buscan extender el programa de trabajadores invitados como parte de una revisión de las leyes de inmigración del país.

Cada año, 120 mil trabajadores extranjeros reciben visas para realizar trabajos agrícolas u otras labores poco calificadas, generalmente por periodos de entre tres y nueve meses.

Los expertos en asuntos laborales dicen que los patrones abusan de los trabajadores invitados mucho más que de otros trabajadores, porque saben que pueden enviarlos a casa si se quejan. También saben que estos trabajadores no pueden buscar otros empleos si están inconformes.

"Yo diría que una sustancial mayoría de los trabajadores invitados en Estados Unidos experimenta algunos abusos con su salario", dijo David Griffith, catedrático del departamento de antropología en la Universidad de Carolina del Este y autor del nuevo libro American Guestworkers: Jamaicans and Mexicans in the U.S. Labor Market (Trabajadores invitados en Estados Unidos: Jamaiquinos y mexicanos en el mercado laboral estadounidense). "Los engañan más que nada en el proceso de reclutamiento".

Los abusos toman muchas formas. Los trabajadores invitados suelen pagar honorarios exorbitantes y con frecuencia les dan menos semanas de trabajo y salarios más bajos de lo prometido. Muchos patrones no cumplen su compromiso de pagar los gastos de transporte. Los trabajadores tailandeses, que se supone iban a recibir 16 mil dólares al año durante tres años, acabaron ganando sólo un total de entre 1.400 y 2.400 dólares. A la mayoría de ellos se les quitó su pasaporte al llegar a Estados Unidos, por lo que se vieron atrapados en el país.

Los críticos, entre ellos muchos sindicatos y grupos de defensa de los inmigrantes, dicen que los patrones exageran la escasez de trabajadores porque quieren la mano de obra barata, dócil y temporal que viene del extranjero. Los críticos dicen que no existiría tal escasez de trabajadores estadounidenses si los empleadores ofrecieran un salario digno por esos empleos.

En el Congreso de Estados Unidos, las propuestas para extender las protecciones para los trabajadores invitados incluyen una disposición que prohibe a los patrones tomar represalias cuando los trabajadores protesten y otra que les permitiría entablar una demanda en un tribunal federal por incumplimiento de contrato.

El mes pasado, Khansamrit y otros 21 trabajadores invitados demandaron a varios contratistas laborales y agrícolas ante un tribunal federal en Carolina del Norte, acusándolos de fraude, incumplimiento de contrato, violaciones a la ley del salario mínimo y tráfico ilegal.

La demanda, presentada por la asociación de Ayuda Legal de Carolina del Norte, asegura que los contratistas cobraban honorarios por reclutamiento que son ilegales bajo la ley tailandesa, proporcionaban mucho menos trabajo del prometido y violaban la ley federal al no pagar los costos de transportación desde el extranjero y no pagar las tres cuartas partes de los salarios prometidos.

"Ninguno nos dio lo que prometieron", dijo Pradit Wiangkham, de 42 años, electricista tailandés convertido en trabajador invitado. Wiangkham también trabajó gratis en Nueva Orleans, donde dijo que el contratista les ordenó a los trabajadores dormir en un hotel fétido, sin luz, agua caliente o agua potable. En Carolina del Norte, el alojamiento no era mucho mejor.

Seo Homsombath, presidente de Million Express Manpower, contratista laboral que trabaja estrechamente con reclutadores en el extranjero, no respondió a varios faxes y una carta enviada a su hogar, en Carolina del Norte. Roy Raynor, otro demandado, rehusó hacer comentarios.

Sin embargo, en otra demanda por separado, Raynor testificó que se suponía que Homsombath y él recibirían pagos de los reclutadores en Tailandia.

Dijo que debía recibir 1.200 dólares por trabajador, presuntamente por capacitarlos en la cosecha de pepinos.

David James, vocero del Departamento de Trabajo de Estados Unidos, dijo que el órgano estaba investigando si el contratista no proporcionó salario y alojamiento adecuados.

Los trabajadores tailandeses invitados no son los únicos en quejarse. Ayuda Legal de Carolina del Norte también ha presentado una demanda en nombre de tres indonesios. Varios de los indonesios y tailandeses han solicitado visas especiales a disposición de trabajadores que han sido víctimas del tráfico ilegal. Con dichas visas esperan trabajar en Estados Unidos para liquidar sus deudas.

Al igual que otros trabajadores invitados, Chinnawat Kompeemay, que administraba una tienda de abarrotes cerca de Bangkok, se encuentra en el limbo, viviendo en Virginia.

"Lo único que quería era proporcionarles a mis hijos una mejor educación y estándar de vida", dijo Chinnawat Kompeemay, uno de los trabajadores tailandeses invitados.

"Si mis hijos reciben la educación que quiero que tengan, no los engañarán de la misma manera. No se aprovecharán de ellos como han hecho con su padre".